Semaglutida, ¿milagro para adelgazar o riesgo en el plato?
En los últimos meses, nombres como Ozempic o Wegovy se han colado en titulares, conversaciones y hasta en redes sociales. Estos fármacos, originalmente creados para tratar la diabetes tipo 2 de difícil control, han encontrado un nuevo protagonismo: la pérdida de peso rápida.
Pero, ¿estamos ante una revolución real en la nutrición o simplemente frente a una moda peligrosa?
¿Qué son los fármacos GLP-1?
La semaglutida pertenecen a una familia conocida como agonistas del receptor GLP-1. Estos fármacos imitan a una hormona intestinal que regula el apetito y la glucosa. Esto hace que la persona se sienta saciada antes y coma menos. Su mecanismo es sencillo y complejo a la vez, el fármaco se pega al GLP-1 y manda señales al organismo que le dicen cuándo tiene hambre real y cuándo no. Es decir, restablece las señales de hambre/saciedad que los seres humanos hemos perdido con el tiempo y nos devuelve la capacidad de sentir el hambre orgánica (cuando el cuerpo necesita alimento), ignorando el hambre emocional (hambre por ansiedad, aburrimiento…).
Actualmente encontramos varios medicamentos registrados con este principio activo: OzempicⓇ, que es un inyectable financiado por el Sistema Nacional de Salud Español en el tratamiento de adultos con diabetes mellitus tipo 2 que no han sido controlados adecuadamente con otros fármacos, como complemento de la dieta y el ejercicio.
Por otro lado tenemos RybelsusⓇ, que es un medicamento por vía oral (en comprimidos), también financiado por el Sistema Nacional de Salud Español en el tratamiento de adultos con diabetes mellitus tipo 2 que no han sido controlados adecuadamente con otros fármacos, como complemento de la dieta y el ejercicio.
Y fuera de la financiación y también inyectable tenemos WegovyⓇ, indicado como complemento a una dieta baja en calorías y a un aumento de la actividad física para el control de peso, incluida la pérdida y el mantenimiento del peso, en adultos con un Índice de Masa Corporal (IMC) de ≥30 kg/m2 (obesidad), o ≥27 kg/m2 y <30 kg/m2 (sobrepeso) en presencia de al menos una comorbilidad relacionada con el peso, es decir, alguna enfermedad que sabemos que está relacionada con el tener un peso corporal elevado, por ejemplo: alteraciones de la glucemia como prediabetes o diabetes mellitus de tipo 2, hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño o enfermedad cardiovascular… Además, tiene autorización en pacientes de entre 12 y 18 años cumpliendo ciertos requisitos.
El boom social y mediático
Su popularidad se disparó tras ser mencionados por figuras públicas y celebrities, que los presentaron como la solución definitiva para perder kilos sin esfuerzo. El resultado fue un aumento de recetas en las farmacias y un desabastecimiento (falta de suministro) de algunas presentaciones financiadas que dejaron a las personas diabéticas sin su medicación. Además de un mercado paralelo online con riesgos de falsificación, intoxicaciones…
Efectos secundarios y riesgos reales.
Aunque prometen resultados rápidos, estos fármacos no están exentos de efectos secundarios:
- Náuseas, acidez, reflujo, vómitos y molestias digestivas.
- Pérdida de masa muscular si no se acompaña de suficiente proteína.
- Posible déficit de vitaminas y minerales por no consumir los nutrientes necesarios.
- Riesgos serios en caso de automedicación o compra sin control sanitario.
Actualmente, con el uso que se le está dando al medicamento fuera de la ficha técnica y sin la prescripción facultativa, se están investigando otros efectos secundarios como afectaciones de la vista, hipotensión o hipoglucemias.
Cómo afecta a la nutrición y a la dieta.
Los pacientes que toman fármacos GLP-1 suelen comer mucho menos, algunos de ellos hasta una cuarta parte de lo que solían consumir habitualmente, y aquí surge un desafío: menos cantidad no siempre significa mejor calidad.
La experiencia clínica nos hace ver que los pacientes pierden peso demasiado rápido, lo que genera en el organismo un estrés que, posteriormente, cuando dejan el tratamiento hace que vuelvan a coger el peso perdido, a veces incluso más.
También vemos que, como el fármaco funciona a pesar de que el paciente continúa con sus malos hábitos de alimentación, si no se acompaña de educación nutricional, cambio de hábitos y ejercicio físico, el fracaso a largo plazo está garantizado.
Para evitar riesgos, es clave:
- Priorizar alimentos densos en nutrientes, es decir, consumir carne, pescado, huevos, frutas, verduras y legumbres antes que otros como por ejemplo sopas o caldos.
- Asegurar un aporte adecuado de proteínas para prevenir la pérdida de músculo, si tengo que elegir, mejor la proteína.
- Valorar suplementación (vitaminas, minerales, proteínas) en casos necesarios con un profesional sanitario.
- Mantener hábitos de vida saludables: ejercicio, sueño y control del estrés.
En resumen: no basta con comer menos; hay que comer mejor.
Debate ético, futuro y valoración personal
El uso recreativo de medicamentos para adelgazar abre una gran pregunta: ¿estamos normalizando la idea de que la solución a los problemas de peso está en una inyección, en lugar de en un cambio de hábitos sostenible? Para mí la respuesta es SÍ.
Mi experiencia en la práctica clínica me dice que el uso de estos medicamentos sin una pauta nutricional, aprendizaje de hábitos saludables y una corrección de las malas conductas alimentarias está destinado al fracaso. El papel de farmacéuticos, médicos y nutricionistas es fundamental para acompañar a los pacientes, educar sobre los riesgos y ofrecer alternativas seguras.
Ojo, no estoy diciendo que el fármaco no funcione o no tenga aplicación terapéutica, al contrario, está siendo un gran aliado en la pérdida de peso en pacientes con obesidad o sobrepeso y complicaciones asociadas que han probado varios métodos y no son capaces de perder peso. Sino que la aplicación solamente de este medicamento sin un trabajo nutricional detrás no es efectiva.
Y tú ¿Crees que la semaglutida es la única solución a los problemas de aumento de peso?
